jueves, enero 21, 2010

Crisis

(A los amigos españoles: Posando el puntero del ratón sobre las palabras en cursiva subrayadas con guiones, verán una leyenda con la traducción del localismo)

Mi nombre es Roberto Righetti, prestamista de profesión, al menos por ahora, porque no lo fui antes y dudo que lo sea luego que se salga de esta crisis, o bueno, eso no lo sé en realidad, si las cosas siguen aquí como siguieron en mi país luego de la crisis del 2001 de seguro seguiré trabajando en lo mismo. Por cierto, para los que no me conocen, soy argentino, natural, no por opción, que si lo hubiese sabido jamás hubiese “optado” por nacer en aquellas tierras. Y para colmo de males soy porteño, claro que sí.

Shhh, momento, que ahí parece que está por entrar uno. Les comento esto porque lo estoy viendo parado frente a la vidriera del local. El tipo está leyendo uno de los carteles en donde ofrecemos nuestras “promociones” de préstamos… ¿Y? ¿Vas a entrar o no? Dale chabón, vamos, decidite y entrá, que acá te espero.

Para que se ubiquen: yo estoy sentado al fondo del local con la computadora, detrás del mostrador, haciéndome el que trabajo, aunque en realidad tengo puesto el solitario del Windows. Y nada, estoy mirando al tío de reojo, no quiero llamarle la atención, porque una persona desesperada, y más en éste tipo de situaciones, suele ser una persona con vergüenza (lo digo por él) y yo tengo que actuar natural, como que no lo veo, como que no me interesa prestarle mi dinero, porque él no lo necesita, claro que no. Eso es lo que finjo, eso es precisamente lo que estoy tratando de venderle.

No. No entró, siguió de largo. Suele pasar. En fin, y eso que éste tenía una cara de “tieso”, como dicen aquí, que ni les cuento. Ah, sí, “tieso” aquí significa “seco”, sin un duro. Es algo típico de Andalucía, en Madrid o Cataluña no escucharán éste término. En fin, les contaba que yo vivo de la desesperación de los demás. El oficio lo aprendí en mi país, en Argentina. Bueno, tampoco la cosa es que la hayamos inventado nosotros los argentinos, no, esto de ser un usurero viene de años “a” en el tiempo, desde que se inventó el dinero, bah. Y bueno, el “boom” de esta actividad debe haber ocurrido cuando la especie humana (o al menos los más vivos) se inventaron esto del capitalismo.

Les estaba contando que yo antes jamás había laburado de esto de andar prestando guita, no, para nada. Resulta que yo laburaba, allá en mi país, para una empresa que subcontrataba gente para la construcción. Teníamos de todo, desde albañiles a electricistas, de carpinteros a pintores, de todo en cuanto a mano de obra para la construcción. Éramos más bien una empresa chica, no era que tuviéramos “la” cantidad de gente, pero bueno nos iba lindo. Para reemplazos urgentes andábamos siempre muy bien, las grandes empresas constructoras, que a su vez subcontrataban muchos de los trabajos de las obras que agarraban, nos usaban mucho cuando les fallaba su gente, o bien cuando se accidentaban en las obras y necesitaban salir a cubrir puestos de forma medio urgente.

La empresa ésta de la que les estoy hablando no era mía, no. Tal vez suene así mientras les cuento, pero no, nada que ver, yo no era el dueño. Pero ojo que yo tampoco era un laburante más ahí, una mula de carga como todos los demás, no señor, yo era algo así como un capataz. Me encargaba de la “logística” del asunto, si es que tal cosa puede decirse. Yo cargaba a los tipos en la camioneta y los salía a repartir por las obras. También a veces los iba a buscar a las casas cuando no aparecían, pero bueno, ya vieron como es la cosa con esta gente, nosotros los llamábamos diciéndoles que había salido laburo en tal y cual lado y ellos debían presentarse en el local nuestro y de ahí los llevábamos, pero bueno, que estos guachos a veces ni aparecían. Por teléfono te decían una cosa, que sí, que mañana mismo iban y luego no pasaba naranja. Por ahí se chuparían la noche anterior y claro, al otro día, del pedo que tenían, ni se levantaban. Y bueno, allí es cuando aparecía yo para sacarlos de la catrera y llevarlos a laburar. Ese era básicamente mi trabajo. Todo esto fue hasta-

Paren… Un segundo… Que ahí hay otro leyendo el cartel. A ver si éste entra. Aunque éste de pinta va bastante bien, no parece un seco como el anterior. Nah, siguió de largo.

En fin, les decía, esto fue así hasta fines del 2001 en que todo se fue al carajo en Argentina. La construcción se paró de golpe, al menos en las grandes obras, porque el tipo común con algo de guita siguió construyendo, pero casitas y cosas así nomás, pasa que lo más seguro era poner la plata en ladrillos en esos momentos, al menos para la gente común, repito. Pero ese no era nuestro negocio, las pequeñas construcciones de la gente común digo. No, lo nuestro eran las grandes obras de las constructoras y eso se paró todo por ese entonces, tal cual está pasando ahora aquí. Y nada, que la empresa se fue al tacho de la noche a la mañana.

Ahí fue cuando me tocó la mala, me quedé sin laburo de un día para otro, así como así, en la puta calle y a patear. No salía nada de nada de trabajo. Fue ahí, en un momento de desesperación, al no poder pagar algunas cuotas que teníamos en casa, que recurrí a una financiera de estas chicas, qué digo financieras, ni financieras son, son más bien casas de préstamos personales, operadas por malandras de poca monta generalmente. De esas en Argentina hay una por cuadra, siempre locales de mierda con un mínimo arreglo y detrás la misma estafa de siempre. Que te prestan $1000 y devolvés $2250, y donde te atrasaste con una cuota te matan con los intereses y terminás devolviendo arriba del 120% de lo que te prestaron. Y encima vos sos el que firmás el contrato, vos sos el que querés ese arreglo, y bueno, así terminás, en la lona. Te terminan embargando las pocas cosas que pudiste comprar para tu casa, cuando no terminan ejecutando al gil que pusiste de garantía. Y ahí hasta perdés a un amigo o familiar más, nadie vuelve a confiar en vos si se corre la bocha de que dejaste pagando a uno.

Y así camina la cosa. Y así es que estoy yo acá con esto ahora. Una cosa lleva a la otra, dicen. Luego de divorciarme de mi mujer me vine para acá, esto fue en el 2003. Resulta que siempre tuve familia acá en España, por parte de madre, mi vieja seguía en contacto con ellos, sus antepasados, y nada, que me convenció y me terminé viniendo. Acá me dieron una mano desde el principio y les caí muy bien. Será el “encanto” argentino, supongo. No, claro que no estoy legal. Entré como turista. Y así pasaron 7 años y aquí me ven. Pero no me ha pasado nada hasta ahora. Voy por la calle tranquilo. Un argentino es un tipo que pasa desapercibido en España, siempre y cuando sea blanco de piel y no abra la boca, claro está, y esto es peor con nosotros, los porteños (lo de abrir la boca digo).

Y nada, con un primo de acá con algo de “pasta”, como dicen aquí, decidimos abrir esto. Porque acá la desesperación se está empezando a sentir mucho entre la gente, tienen como un 20% de desempleo real, y esto significa gente que está seriamente necesitada de dinero, y bueno, esto significa también que a mí desde hace un año me va bastante bien. Se gana lindo. Igualmente acá no saben lo que es una crisis, acá la gente se queja de llena. Allá en Argentina ¿qué laburante común tiene casa propia, coche, televisión satelital e internet banda ancha? De mi entorno nadie tenía todo eso junto, no en aquel entonces y hoy lo dudo, por lo menos lo de la casa propia, son los menos. Entonces claro, cuando la crisis pegó en Argentina, allá nadie tuvo mucho que perder, incluso los que tenían algo comprado y lo estaban pagando los salvaron a todos, como en el caso de los deudores hipotecarios.

Otra cosa, allá, cuando hemos pasado las crisis, y no digo la del 2001, digo TODAS las crisis, las hemos pasado mal en serio. Pasa que acá en Europa no están acostumbrados. No saben lo que es correr la coneja, no saben lo que es rebuscárselas como sea. Y ahí es cuando aparecemos nosotros los sudacas, los argentinos sobre todo, que si hay algo en lo que tenemos experiencia es justamente en saltar de quilombo en quilombo.

Y acá estoy con esta idea y me va bien. Trato de no pensar mucho en que le estoy haciendo a la gente lo mismo que me hicieron a mí allá. Pero bueno, así es como funciona el sistema y “el que no llora no mama, y el que no afana es un gil”, como dice el tango. En fin, que así es el capitalismo, un sistema en que para que unos pocos la pasemos bien tiene que haber muchos del otro lado que la pasen mal. Y así estamos todos metidos en lo mismo en éste mundo.

Disculpen, pero los voy a tener que ir dejando, estoy mirando de reojo a un tipo que justo está entrando al negocio y voy a tener que “atenderlo”.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Esta historia está basada en una noticia que leí hoy en el periódico 20 minutos de España. Léanla haciendo click aquí
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -