lunes, abril 21, 2008

Waves

España, Madrid, primavera, anochecer. El mejor escrito que alguna vez le haya dedicado a alguien en toda mi vida salió al aire en forma de ondas de radio un día jueves de un mes de marzo de un año que intento olvidar.

Es extraño ya que la persona a la que iba dirigido el texto leyó su contenido pero, por esas cosas que pasan en la vida, jamás pudo escucharlo y es que esa era la idea original de todo el asunto:
un escrito para escuchar.

Hoy por hoy, a más de un año ya en que mis palabras atravesaron el éter madrileño, me doy cuenta que no pierdo las esperanzas con respecto a la idea original, y todo porque una charla totalmente circunstancial que tuve hoy me hizo pensar de nuevo en todo esto y la verdad es que no sé bien porqué.

O tal vez sí sepa y tenga la inconsciente esperanza de que las ondas de radio que escaparon esa noche de primavera desde esa radio en Madrid, y que por estas alturas del tiempo vagarán por algún punto de nuestra galaxia, algún día sean retransmitidas de vuelta a la Tierra por obra y gracia de algún alienígena romántico, entonces tal vez, y sólo tal vez, yo vaya con ella en el auto escuchando una emisora al azar y tal vez, sólo tal vez, todo eso que alguna vez leyó en forma escrita en ese momento lo escuche en palabras audibles trasmitidas desde un lugar lejano de nuestra galaxia aunque salidas de un lugar más cercano reservado a ella, mi corazón.


sábado, marzo 29, 2008

Erased, over, out

No me extrañó tanto el aviso (hoy en día en el terreno de lo digital todo es posible) sino más bien el negocio en el que lo vi, me refiero al ambiente, a las características propias del lugar. Es que esa casa de fotografía estuvo desde siempre en el centro de la ciudad, escondida en el fondo de una lúgubre y poco transitada galería comercial, y cuando digo “desde siempre” es por el hecho que desde que tengo uso de razón ese local está allí, con el mismo y eterno viejito canoso de bigotes perlados recluido atrás de aquel anticuado mostrador de madera oscura.

En mis ocasionales pasadas por allí jamás vi una computadora en el local, lejos de ver algún tipo de máquina electrónica para el revelado de las fotografías. Supongo que el fuerte del negocio sería la tradicional toma de fotos 4x4 tipo carné, porque a decir verdad nunca advertí ninguna otra cosa en el lugar que denotara que hicieran otro tipo de trabajo. Sin embargo allí estaba ese papel amarillento pegado en el vidrio del frente, manuscritas podían leerse en él las palabras que captaron mi atención: “BORRADO DE PERSONAS”. Grande fue mi curiosidad al momento de ver esas palabras, y creo que recién ahora, después de todo lo ocurrido, capto el sentido total de la expresión popular que reza “la curiosidad mató al gato”, y es por lo mismo que ahora paso a explicarles el porqué de todo esto.

Supongo que nunca llegamos a conocernos bien, aunque no me queda la menor duda de que Ana fue el amor de mi vida. Jamás conocí a alguien que me hiciera sentir igual antes de ella y estoy seguro que, tal vez peco por pesimista al pensarlo, tampoco conoceré a alguien que me haga sentir igual. Las cosas se sucedieron muy rápido desde el principio, todo corría por el carril de alta velocidad como quien dice, sin estorbos, sin contratiempos. Pero ahora sé que fue poco el tiempo en el que estuvimos así de bien como para apresurarnos a tomar la decisión de casarnos, pero bueno, lo hicimos de todas formas y es así que a menos de seis meses de habernos conocido, tal vez guiados por la locura y el frenesí del momento, decidimos sellar nuestra unión.

La cosa no funcionó de entrada, la convivencia, el despertarnos juntos, no sé. Parece verdad eso de que al firmar los papeles todo se va al diablo, por lo menos en nuestro caso eso fue lo que ocurrió, de todas formas quiero que quede claro que hablo sólo por mí. El tema es que mientras yo me pasaba todo el día trabajando (había que levantar cuanto antes la hipoteca del departamento) ella se la pasaba encerrada mirando televisión, sin hacer otra cosa. No es que eso me molestara en particular, si la química hubiese seguido funcionando como en un comienzo el hecho de que no hiciera nada no me hubiera importado en lo más mínimo, pero no sé, el no tener su mente ocupada en otra cosa hizo que Ana cambiara, no sé exactamente en qué pero, volviendo a los dichos populares, ese que dice que “una mente desocupada es el patio de juegos del diablo”, bueno, en el caso de Ana era todo un parque de diversiones, cada día me salía con algo distinto para provocar peleas sin sentido, trataba de sacarme de mis casillas de cualquier forma y a como diera lugar.

No pasaron más de cuatro meses desde la boda cuando todo se fue por los caños mal. Nuestras peleas al llegar yo a casa no sólo se tornaron cada vez más constantes sino también más violentas. Palabras hirientes e insultos degradantes seguían
in crescendo día tras día hasta que por fin dije “basta” con todo el dolor del mundo, porque como dije, realmente la quería a pesar de todo. El divorcio salió bastante rápido por ser de común acuerdo, al final del proceso sentí que me liberaba de un enorme peso sobre mis espaldas, aunque algún tiempo después todavía no me había liberado de un sentimiento de rencor que sentía por Ana, es raro, no sé, no era odio exactamente, era otra cosa, no lo sé describir en palabras pero era algo así como un resentimiento. Supongo que el que salió más lastimado de todo el proceso fui yo, y tal vez lo que realmente sentía era una profunda frustración y lo canalicé todo en esa especie de rencor hacia ella.

Así fue que me decidí a probar con una de las fotos de nuestra boda. La foto que elegí fue en la que mejor salía ella, estaba realmente hermosa en esa imagen, mientras que yo salía con cara de circunstancia, como siempre salgo en todas las fotos a decir verdad. Decidido y foto en mano entré finalmente a la casa de fotografía una tarde como cualquier otra, no recuerdo haber saludado. Me acerqué al viejo mostrador y miré al anciano fijamente entregándole la foto.

- Quisiera que me explique un poco más sobre eso del “BORRADO DE PERSONAS”.

El anciano me saludó primeramente lo que me hizo sentir un maleducado, luego miró por un momento la foto y volvió a levantar su mirada hacia mí.

- Bueno, el tema es simple en realidad. Si quiere puedo borrar a esa persona que lo acompaña en la foto.
- ¿Y eso tarda mucho tiempo? ¿Qué costo tiene el proceso? –inquirí.
- Antes de responder esas preguntas yo debiera preguntarle si está absolutamente seguro de que lo quiere hacer.
- Por supuesto, es algo que ya pasó, digo, lo de la foto, la circunstancia... La boda, el matrimonio, eso, ¿usted me entiende no?
- Sí, comprendo, aunque para serle sincero no creo que en su caso esa sea la salida al asunto.
- ¿A qué se refiere exactamente con eso de la “salida al asunto”? –pregunté medio asombrado ante la salida del viejo.

El viejo no me respondió la pregunta, tal vez cayó en cuenta que estaba metiendo sus narices en donde no le correspondía, después de todo ese no era su “asunto”. Volvió a bajar la mirada hacia la fotografía.

- ¿A usted quién le recomendó que viniera a verme? –preguntó finalmente.
- Nadie, al pasar advertí el cartel que tiene colgado allí y me decidí a entrar.

El anciano nuevamente volvió a mirar la foto, no sé qué tanto lo atraía la imagen, o tal vez fuera que la estuviera mirando con deformación profesional. Dubitativo finalmente dijo:

- Para mañana a la tarde estará lista, pásese antes de las 20.00. El costo del trabajo es de $180.
- Correcto –dije– se la dejo y mañana paso.

No sé porqué pero esas últimas palabras no las dije yo, o sea, salieron de mi boca pero no las pensé yo, no las dije yo. Incluso mi primer pensamiento al escuchar la respuesta del viejo fue que $180 era un asalto a mano armada. Claro que tal vez al no trabajar con medios digitales el proceso fuera más costoso, no sé, el tema es que dije lo que dije y me fui del lugar sin siquiera despedirme.

- Hasta mañana –me soltó del otro lado del mostrador con un cierto tono de voz recriminante.

El viejo dejó en claro el punto con su saludo, definitivamente soy un mal educado.

Al otro día pasé a la hora convenida. El trabajo estaba hecho. El viejo me entregó la foto ya guardada en un sobre de papel madera, antes de pagar retiré la foto del sobre para verla. El trabajo estaba muy bien realizado. Conforme, y con mi curiosidad saciada, pagué y me fui sin más.

Al llegar a casa me desplomé sobre el sofá, aquel había sido un día agotador en la oficina. Sentado, con la cabeza colgando hacia atrás sobre el respaldo del sillón, cerré los ojos y me estiré. De pronto noté que tenía el sobre de papel madera con la foto encima de mi regazo. Saqué la fotografía una vez más y la miré con más detenimiento. El trabajo estaba realmente muy bien hecho. De pronto me llamó la atención algo en la fotografía, y es que en el lugar de donde había sido “borrada” Ana aparecían cosas detrás. Es decir, vi en la fotografía la mesa de atrás de donde estaba ella originalmente, observé que aparecían los invitados sentados, veía claramente el mantel, los platos servidos, las copas con vino, en fin, todo, toda la escena que no se veía cuando Ana estaba todavía estampada en la imagen. ¿Cómo podía ser eso posible? Me fui a duchar pensando en todo esto. A fin de cuentas que tampoco le di demasiadas vueltas al asunto al salir del baño, como dije, tenía la mente realmente agotada ese día, demasiado nublada como para ponerme a deducir qué es lo que había hecho el viejo con la foto. La cosa es que cené temprano y me fui derecho a la cama. Me dormí al instante de haber apoyado la cabeza en la almohada.

Esa misma madrugada me desperté totalmente exaltado con un llamado de mi ex suegra. Debía de haber estado profundamente dormido ya que no entendía nada, de pronto me preguntaba por Ana, si estaba aquí en casa conmigo, que no le respondía en el móvil, que había desaparecido de golpe, así sin más. Creo que la palabra ”desaparecido” me hizo caer en cuenta de lo que había hecho. Un espiral de frío subió en aquel momento por toda mi columna vertebral hasta llegar a mi cerebro. En ese momento caí que el viejo tenía sus razones cuando me preguntó si estaba seguro de lo que quería hacer, y todo por mi curiosidad. O quizás había algo más detrás, no sé, algo oculto en mi subconsciente, algo que me hizo entrar a ese local con aquella fotografía. En todo caso creo que fui demasiado lejos, tal vez, qué digo tal vez, estoy seguro que esa frase que me soltó el viejo aquella tarde tenía su validez, aquella, definitivamente, no era la salida al asunto.


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Luego de meses de no escribir una sola línea de ficción para
deuxmachine surge este relato. Será que estoy de vacaciones, algo más relajado, aunque todavía no con toda la inspiración ya que el título del escrito es de una canción de NIN (para variar yo y las canciones de Nine Inch Nails, igualmente creo que no se lo voy a cambiar y quedará ese título como definitivo). En fin, el relato tiene como base de inspiración este post que leí en el blog de Fernanda. Espero les guste. Salutes a los lectores que todavía pasan por aquí.
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lunes, diciembre 31, 2007

La ilusión del tiempo

Joaquín levantó su copa mirando los lugares vacíos en la mesa. Eran los lugares de los que ya no estaban; otros espacios similares ahora eran ocupados por los más jóvenes de la familia.

"De los que empezamos somos cada vez menos", pensó. "Y cada vez menos es lo que falta para reencontrarnos con los que ya no están".

Miró el nuevo calendario colgado en la pared mientras su hijo mayor dejaba al descubierto la primer hoja. 1 de Enero del 2008. De pronto tuvo la impresión de que aquel número, 2008, sería el último que vería como integrante de aquella mesa. La extraña sensación de certeza, lejos de traumatizarlo, en realidad lo alivió.

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A los lectores de deuxmachine les deseo un buen comienzo de año. Sean felices con lo que son, con lo que tienen y con la experiencia de lo vivido por sobre todas las cosas, que de esta vida nada más se llevarán salvo la sabiduría alcanzada por haber entendido el juego.

Salutes

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domingo, octubre 28, 2007

Te conozco

te conozco
vos eras de baja estatura
no tenías una buena piel
te costaba bastante hablar con los demás
tus palabras parecían no llegarles
se transformaban en mentiras al momento de salir de tu boca
intentaste tratar de entenderlos
y siempre quisiste ser parte de lo que sucedía entre ellos
los viste divertirse
y parecía ser todo un gran misterio
casi mágico
eso te hizo pensar que tal vez habría algo malo con vos
y te mirabas en el espejo tratando de encontrar ese algo

pensabas que eras horrible
y que en realidad todos te miraban por eso
fue entonces que aprendiste a ser invisible
a mirar hacia abajo
a evadir conversaciones
las horas
los días
los fines de semana
ah sí, las noches de los fines de semana, en soledad
dónde estabas?
en el sótano?
en el altillo?
en tu cuarto?
trabajando en algún lado
sólo para tener algo que hacer?
sólo para tener un lugar en donde estar?
sólo para tener un lugar en el que estar lejos de los demás?
una chance para poder escapar de ellos,
ellos que te hicieron sentir tan extraño y enfermo con vos mismo
alguna vez te invitaron a alguna de sus fiestas?
seguramente te sentabas a meditar en si ir o no
durante horas imaginabas todos los posibles escenarios de lo que podría pasar
si se reirían de vos
si sabrías qué hacer, cómo moverte
si estarías vestido adecuadamente para la ocasión
si finalmente se dieran cuenta de que sos de otro planeta
seguramente te envalentonabas mientras pensabas en ello
como que tal vez podrías ser capaz de lidiar con todo esto
y finalmente pasarla bien
pensaste en que tal vez podrías ser “el alma de la fiesta”
de que toda esta gente tal vez sí querría hablar con vos
y entonces de repente te darías cuenta de lo equivocado que estabas
que en realidad tenías un montón de amigos
que después de todo no eras tan raro
al final terminaste yendo, no?
se metieron con vos?
o te dejaron a un lado?
te diste cuenta de que en realidad te invitaron
porque pensaban que sería divertido tener a alguien tan raro como vos
sí, creo que te conozco
pasaste mucho tiempo acumulando odio
un odio tan puro como un amanecer
un odio que se podía ver a millas de distancia
un odio que solía mantenerte despierto toda la noche
un odio que llenaba cada momento de vigilia
un odio que te llevó a cuestas por mucho tiempo
sí, creo que te conozco
nunca pudiste darte cuenta de qué es lo que demás veían en todo esto
y la forma en como lo vivían
tu hogar nunca fue tu hogar
tu habitación fue tu hogar
una esquina apartada fue tu hogar
el lugar en el que ellos no estaban, ese fue tu hogar
te conozco
sos sensible
pero lo ocultás, porque tenés miedo de que te pasen por arriba una vez más
pareciera ser que siempre que mostrás una parte tuya un poco vulnerable
alguien se aprovechara de ello
otro de ellos que te pasaría por encima
y es que ellos confunden bondad con debilidad
pero vos conocés bien la diferencia
vos has llevado a cuestas la carga de sus debilidades por años
y de fortaleza sí que sabés un poco
porque has tenido que ser fuerte para poder mantenerte con vida
ahora te conocés bien a vos mismo
y no confiás en los demás
los conocés demasiado bien
pero aún así tratás de encontrar a esa “persona especial”
alguien con quien poder estar
alguien a quien poder tocar
alguien con quien poder hablar
alguien con quien poder estar y no sentirte un extraño
pero finalmente te diste cuenta que tal cosa no existe
te sentís más cercano a los personajes que ves en una película
sí, creo que te conozco
pasás mucho tiempo del día soñando despierto
y la gente comenta al respecto
te dicen que estás demasiado encerrado en vos mismo
pero ellos no saben lo que se siente, verdad?
no saben de las largas noches
de todos los años haciéndote compañía a vos mismo
de esas noches en que te envolvías en tus propios brazos
solamente para poder imaginar que alguien te abrazaba
ellos no saben de las horas de indecisión
de duda
de depresión intensa
de odio cegador
de la rabia que te hacia tambalearte
de lo desbastador que siente el rechazo
en fin
o tal vez ellos sí sepan de todo esto
pero si lo saben
seguramente están haciendo un buen trabajo ocultándolo
a veces hasta te asombra ver cómo pueden ser tan perfectos
pareciera que se las ingeniaran para ir por la vida misma
como si esta fuera un regalo divino
y te enfurece el ver como vos
te las ingeniás para encontrar siempre una forma posible de joderlo y estropearlo todo
para vos, la vida es un largo viaje
aterrorizante y maravilloso
los pájaros que te cantan en la noche,
la lluvia y el sol,
y las estaciones que cambian
parecen ser tus únicos amigos verdaderos
la soledad es una aliada que ganaste luego de pelear fuertemente,
está siempre allí, leal y paciente
sí, creo que te conozco

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Dada mi actual etapa de cero inspiración es que decidí regalarles este texto de
Henry Rollins. Mientras hoy domingo por la tarde ordenaba mi discografía de NIN encontré entre los canciones, que había bajado pero no catalogado, un tema orginalmente instrumental llamado "A warm Place" que pertenece al disco "The downward spiral" pero con la salvedad que este tema que encontré hoy perdido en mi computadora tenía este poema recitado por Henry Rollins en background. Al escucharlo me sentí completamente identificado con etapas de mi vida y muchas cosas en las que todavía me veo reflejado, e inmediatamente también sentí empatía por gente que conozco y conoci que de alguna forma se ha sentido igual en algún momento de sus vidas.

A los interesados les dejo
este link con el original en inglés. Realmente uno de los mejores poemas que he leído (y escuchado) últimamente. Espero les guste. Como siempre, sepan disculpar la traducción, siempre me las ingenio para que sean más personales que literales.
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domingo, septiembre 09, 2007

Principio

Salimos del lugar. Atrás queda el sonido de la música, el humo y la gente; adelante están a noche y la ciudad que nos envuelven con una atmósfera fría. Siento ganas de abrazarla pero me contengo, acá no. “Tendría que dar demasiadas explicaciones”, me dijo la otra vez. La frase se aplica a esta situación también. No me gustaría complicarle la vida pero quiero complicarle la vida. La miro, me duele el corazón y el estómago, todo al mismo tiempo. Estoy seguro que el día en que se puso de novia, yo sin siquiera conocerla todavía, debo haber tenido la peor de las pesadillas; si hasta los ángeles deben de haber llorado ese día.

No se cómo mirarla, cada vez que lo hago no puedo evitar sonreír, y me encanta que me devuelva la sonrisa porque esa sonrisa es la que me deja en el aire, la que me pierde, la que me hace sentir tonto: un tonto caminando por las nubes. Saco mi móvil del bolsillo del sobretodo, se lo enseño y lo apago. “Perdámonos. Que nadie nos encuentre. Apagá también el tuyo”, propongo. No sé que hará, qué me dirá. Me encantaría que me hiciera caso.

Dos puntos desaparecen de la celda A10 de la red celular de Movistar, de pronto las antenas no nos captan, desaparece la sensación de ser víctimas de algún tipo orwelliano de control. Y es que finalmente ya no somos ubicables, no hay que dar eventuales explicaciones, no hay “dónde estás” ni “con quién”, por lo menos por lo que resta de la noche.

Cruzamos la avenida, tomo su mano. La zona es menos transitada y parece más oscura. Hablamos. De todo y nada. Pienso. Espero no tener que entregarle la otra página, con el otro final escrito de la historia, un final que nos deja como estábamos antes, en la rutina, en lo mismo, en la inercia del arrastre, con las mismas personas, con la misma vida, sin cosquilleos en el estómago, sin dolores de amor en el corazón.

Le propongo ir al parque que está a una cuadra de su edificio, sólo por unos momentos, le aclaro. Luego la acompaño de vuelta y me voy: “Pasa que quiero, necesito, hablar un rato con vos”. No se qué me dirá. ¿Sentirá miedo? ¿Pensará que estoy loco? Espero con una sonrisa poder demostrarle que jamás le haría daño.

Llegamos al parque. El lugar me trae recuerdos de pequeño aunque ya no es lo que era. Todo ha cambiado, los colores son otros. Sólo un árbol gigante que está ahí desde siempre parece seguir siendo el único testigo de mi historia. En realidad todos hemos cambiado, también el árbol, por más que sigamos perdidos en el mismo lugar. Nos sentamos en un banco cerca de aquel árbol.

“Algo que no te dije la primer noche que te conocí, al despedirme: Me encantó conocerte”, le digo. Ella sonríe. Le acaricio el pelo. La miro fijo y quiero que no me sostenga la mirada, pero que siga sonriendo. No puedo dilatar más las cosas. Me tengo que sacar la duda. La beso.

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Hay ocasiones en las que pienso que todo está escrito, la vida, la gente, las cosas que pasan. Todas estas palabras están ya escritas, pero en carácter potencial, porque todo lo narrado todavía no ocurrió, no al momento en que lo escribí. Pero quiero que ocurra y voy a poner mi intención para que ello pase, después de todo la realidad última la creamos nosotros con nuestras intenciones.

La clave de todo está en entender que el Escritor siempre nos deja ser Coautores, pasa que nosotros no nos damos cuenta de ello. Y es que el conjunto de Coautores es en realidad el Escritor. La historia se crea y acontece por sí sola, nosotros sólo debemos leerla, aceptarla y seguir escribiendo la línea de ficción. Este juego, Lilah, es como un gran Cadáver Exquisito, donde se nos pasa una línea y nosotros la continuamos, la única condición es que la línea inicial debe ser siempre aceptada como es, porque acontece porque si, porque lo que sucede conviene. Y es que en éste gran juego, en esta representación teatral que es la vida, los escritores y guionistas también somos nosotros.

Este no es más que el principio de la historia que quiero, y éste principio necesitaba escribirlo yo. Es sólo escribir el comienzo de un sueño más, sólo uno más dentro de éste otro sueño más grande en el que todos estamos soñando.

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domingo, agosto 19, 2007

Tercer año



Happy birthday Mr. Blog, happy birthday to you...


Cada vez estoy menos por aquí, lo sé. Pero el espíritu del blog sigue latente, esperándome para cuando tenga algo más de tiempo e inspiración para escribir.

Un abrazo a todos los que siempre pasan por aquí para leer algunas letras, trataré de no tenerlos tan abandonados.


Salutes

sábado, julio 28, 2007

Nevermind

- Dicen que una mente desocupada es el patio de juegos del diablo.
- Es verdad, y en el caso de ella más que patio de juegos es todo un jodido parque de atracciones.
- ¿Qué locura no?
- Se lo puede llamar locura, sí.
- Che ¿y vos qué contás? ¿Cómo está tu mente?
- Vacía, supongo. O al menos eso trato.
- ¿Y tener el cerebro vacío es algo bueno o malo?
- Ni lo uno ni lo otro, porque vacío trasciende ambos términos; el vacío es perfecto, es el hogar de Dios.

sábado, junio 30, 2007

Experimental jet set

Por la esquina de mi casa, cual moderna amenaza,
90.000 autos al día no cesan de pasar.

Semáforos sincronizados, soldados computarizados,
custodiarán mi paso allí, cuando decida cruzar.

Gente desincronizada, acelera amenazada,
demostrando su deseo de llegar más rápido allí
donde sé que no quieren estar.

Pasó mucho tiempo, recuerdo contento, desde que
perdí la capacidad de escuchar;

el ruido de sus motores, de esos 90.000 motores
que me indican que allí algo anda mal.

Bajo por la rampla, cruzando a mis anchas,
dándome cuenta que los semáforos, de pronto,
dejan de funcionar.

Amenazas de acelere, de inminente despegue,
miradas que dicen
"cruzá rápido que voy a arrancar".
Ningún "rápido", pienso, que ya hace un buen tiempo
en el que yo dejé de acelerar.

Detenido mi paso en medio del paso, amarillas son las
luces que proyectan mi sombra al parar.
Todo ocurre allí mismo, en esta cuna de pesimismo,
en la que hoy decidí no dejarlos pasar.

lunes, mayo 14, 2007

Supongo que llegó el momento

Kilómetro tres, el corazón late constante. Decido parar y recuperar algo de aire. Me detengo y respiro hondo, es cuando levanto mi mirada al cielo y veo a la luna de color rojo. La primer imagen que se graba en la retina de mis ojos me sorprende, luego me doy cuenta que hay humo en el aire y un fuerte olor a vegetación seca quemándose. Asumo que han de estar haciendo fuego con las picadas al costado de la ruta porque el otoño nunca fue temporada de incendios por aquí.

Debo confesarles que no hay nada como ver una puesta de sol en la que todo está quemándose abajo y a lo lejos; suele ocurrir muy seguido en los veranos secos cuando se incendian los campos y la gente simplemente lo pierde todo de un instante a otro. Irónicamente ese es el regalo que se les da mientras ven todo su trabajo arder hasta convertirse en cenizas: un atardecer sublime, con un sol entre rojizo y naranja enfundado entre oscuras vestiduras de humo. La imagen es fuerte de por sí y está destinada a que nunca olviden. Lágrimas caen por las mejillas de las mujeres de los chacareros al observar toda la escena, lágrimas que nunca serán las suficientes como para apagar todo el fuego.

De a poco recupero el aire, voy caminando lento bordeando la orilla norte. Bajo mi mirada al espejo de agua, de un momento a otro noto que la laguna se ha transformado en lo que no parece ser otra cosa que un mar de aceite por la quietud de sus aguas. Ahora veo con total claridad el rojizo reflejo de la luna sobre el agua. De pronto un silencio angustiante lo cubre todo: los pájaros que dejan de cantar, las ranas que dejan de croar. Los insectos yacen de repente inmóviles. Todos están esperando, parecen darse cuenta de lo que ocurre. Yo me doy cuenta tarde, porque ya no hay humo en el aire, no hay olor a quemado, pero sin embargo la luna sigue estando roja, bañada en sangre. El sonido ensordecedor y disonante de la primer trompeta fue lo que me hizo caer en cuenta de que el momento finalmente había llegado.

miércoles, abril 18, 2007

Downer

Anoche la vi llorar por primera vez. Lo hacía a mares, de una manera total y absolutamente desconsolada. Me rompió el corazón verla así y no poder hacer nada y es que, a decir verdad, no llego a entender cómo una persona puede llorar tanto. Por otro lado no deja de sorprenderme el hecho de cómo la mente humana puede tomar posesión de un ser para generar toda esa confusión, esa desidia, esa autocompasión, toda esa tristeza. “La vida es sufrimiento”, decía Buda, el no conocer la realidad última de las cosas, el no conocer el porqué, nos lleva a perdernos.

Ayer tan sólo me limité a acariciarle la espalda, diciéndole que lo largara todo, otra cosa no pude hacer. No volvimos a hablar del tema pero es algo que me preocupa, aunque irónicamente nosotros no tenemos nada qué preocuparnos en comparación con los demás.

Ya es Domingo. Afuera el sol se asoma tímidamente. Me encuentro sentado a la mesa. Lo escucho a Iván, está contando como su mujer lidia día a día con su madre que padece el mal de Alzheimer, él no sabe que ese es el nombre de la enfermedad, tampoco conoce la gravedad de la misma, tan sólo nos describe como puede los síntomas de lo que ve. Otra vez la mente. Iván es un chico con capacidades diferentes, creo que tiene un plan de empleo en donde le pagan $300 como salario en negro y no tengo ni idea de cómo hace para llegar a fin de mes con eso. Su mujer tuvo que dejar de trabajar para cuidar a su madre. Por otro lado, y como no podía ser de otra forma, tienen una hija de 5 años como para completar el panorama, pero bueno, podría ser peor, podrían tener cinco chicos más.

El otro día leía que una bola de plutonio puro del tamaño de un pomelo puede acabar con la vida de 2000 millones de personas en una fisión nuclear. Sería como eliminar del mapa a toda la población de China de un solo saque. Hoy, y sólo hoy, siento que me gustaría que cada órgano de mi cuerpo se transformara en una bola de plutonio, empezando por el corazón. Definitivamente la primera detonación saldría de allí.

Me levanto de la mesa, los demás siguen hablando, contando sus logros y miserias, todos tan perdidos como yo en éste mundo de ilusiones. Tomo un libro que veo sobre una mesita, lo abro en una página al azar, leo. Sonrío. Memorizo la página y lo cierro. Me fijo en la tapa para ver de quién es. Es un libro sobre San Francisco de Asís. Vuelvo a la página en cuestión, releo:

“Transfiere a Dios el honor y la gloria. Guarda para ti la certidumbre de que a nosotros sólo nos corresponde la vergüenza y las tribulaciones de esta vida miserable.”

domingo, marzo 25, 2007

Supongo que no es el momento

Llevo corridos dos kilómetros cuando de pronto veo a mi lado, pegado a la orilla de la laguna, a un perro negro, probablemente vagabundo, corriendo a la par mía.

Siempre me llamó la atención la forma en que algunos de estos animales buscan tu compañía en ese contacto inicial, donde primeramente te miran de reojo, haciéndose notar pero con disimulo, como buscando tu atención pero nunca de forma directa. Basta que uno les diga algo en un tono amistoso o bien les haga un gesto cariñoso para que finalmente se den por vencidos y no puedan seguir sosteniendo más esa máscara de indiferencia inicial, reconociendo así, con un movimiento contínuo de cola, que sólo buscan algo de cariño como cualquier otro de nosotros. Sin embargo yo no hago nada de eso: no le digo nada ni le hago gesto alguno, sigo corriendo como si nada.

Kilómetro tres. Imágenes de la noche anterior. Revivo secuencias.

"¿Estás listo para conocer a mi amiga?", me dice Pame al llegar junto a dos chicas. Me extraña la frase elegida. Las mismas palabras me dijo ayer por la mañana en la oficina. Yo que no le contesto, sólo la saludo con un beso, sonrío y me sirvo algo más de vino blanco en la copa. No hay gestos de cariño esta noche, tampoco hay palabras alentadoras. Ana Lía, a mi lado, me mira de reojo y vuelve su concentración al juego, a la mano de cartas que acaba de recibir. Las cosas están raras con Ana hoy, mucho tiempo sin verla, supongo. Cristian, Romina, Juan Pablo y Cecilia hablan por su lado sobre exámenes finales en la facultad sin prestarle mayor atención al juego.

Miro la hora, es tarde.

"Mariana", me respondió cuando le pregunté cómo se llamaba. ”¿Por qué debería de estar preparado para conocerte, Mariana?”, pienso. Se reparten las cartas. Se vuelve a armar el juego. Al lado tengo a Verónica, amiga de Ana, también la acabo de conocer esta noche. Está tomando vodka con limón y no paramos de tirarnos comentarios entre sarcásticos y sagaces sobre cómo se desarrolla el juego, siempre sonriendo, claro. Por momentos siento que estamos coqueteándonos mutuamente, si hasta creo que me cae bien. Veo que lleva una muñequera negra de cuero muy trabajado en la mano izquierda, me impresiona el accesorio, tal vez describa parte de su personaje, no quien realmente es. En frente tengo a Mariana, ahora está jugando en mi equipo junto a Cristian. Noto que tiene un tatuaje en un brazo, disimuladamente (nunca de forma directa) trato de encontrarle forma al dibujo que lleva grabado en su piel. Creo que ya estoy algo mareado, no cené y el vino de a poco me va obnubilando. Nada, que pierdo la atención en ella y su tatuaje para volver al juego. Pamela me mira. Ana me alcanza el free para la disco. "Vámonos", dice, y así es que nos vamos de su departamento.

Salimos del edificio, vamos como por inercia cruzando calles. Se habla alto, explotan risas. Verónica se toma de mi brazo. Ahora vamos todos abrazados, juntos pero sin conocernos casi. Parece que todos queremos algo de cariño a fin de cuentas, más allá de que a veces seamos más indiferentes que un perro para demostrarlo.

Llegamos al lugar, por suerte no hay demasiada cola de gente esperando. Le pasamos los free a alguien y ese alguien retira las entradas. Entramos y nos perdemos dentro, una barrera de sonidos nos envuelve junto con el humo de mil cigarrillos.

Una vez dentro nos apartamos del resto que se dispersa cada cual por su lado. Yo no hago nada más que charlar con Cristian y su novia. No quiero escuchar a la banda que toca, no quiero bajar a la pista, no quiero estar con nadie, no quiero conocer a nadie. Ana pasa a mi lado y me dice algo. No le llego a entender lo que dice y me quedo sin siquiera poder preguntárselo cuando veo que se pierde en la corriente de gente que circula alrededor de la pista. Luego de un rato siento que me quiero ir, a parte tengo mucha hambre y estoy realmente mareado. Sin despedirme de nadie me voy del lugar.

La noche me recibe fuera con un aire frío obligándome a abotonarme el saco, principios de otoño otra vez. Camino de regreso, voy recordando el dejà vú de las últimas salidas, donde siempre me vuelvo a casa con la misma sensación de vacío indiferente. Pasando la plaza me cruzo con un perro negro, éste ni siquiera se percata de mi presencia cuando le paso por al lado. Sonrío. "Un ser autosuficiente", pienso, para luego empezar a reírme solo festejando esta jugarreta irónica que me acaba de jugar la vida.

miércoles, febrero 28, 2007

Febrero

Mirando sin ver a través de la pequeña ventana descubrió los primeros rayos del alba resplandeciendo sobre las turbias aguas del Ganges. A pesar de lo temprano de la hora una procesión fúnebre ofrendaba al río el cadáver del que en vida parecía haber sido un simple hombre más de esta ciudad. Ni una lágrima entre la concurrencia, por el contrario, se asomaban sonrisas por sobre los rostros de los presentes mientras desfilaban respetuosamente para saludar a la familia del difunto. Al ver lo maravilloso de aquella escena no pudo más que pensar en lo realmente claro que esta gente tenía el sentido de la vida y, por lo mismo, el significado verdadero de la muerte como parte de ella.

Por un momento quitó su vista de la ventana y miró distraídamente la fecha en el calendario colgado en la pared del fondo de la pequeña habitación. Fue entonces que de repente cayó en cuenta del mes en que estaba viviendo y junto con ese darse cuenta lo asaltaron los recuerdos sobre ese mismo día pero del año anterior. Aquello que Febrero supo traer a la vida en su primer día, aquel amor que lo marcaría para siempre por el resto de su vida. Ella, en la otra punta del mundo, vaya uno a saber qué estaría haciendo por esos momentos, qué sería de su vida. Hacía un año ya de esa última noche que, de vuelta en Argentina, estuvieron juntos abrazados en su cama, un día antes que ella partiera para su ciudad.

- Te quiero -le dijo él mientras le daba un beso en la frente.
- Yo también -contestó ella con los ojos cerrados, muy pegada a él.
- Pero yo más de lo que te puedas imaginar...

Ella siguió sin abrir los ojos aunque esbozó una leve sonrisa al escuchar estas últimas palabras suyas.

Aquella noche la música los envolvió hasta que se quedaron dormidos. El aire, particularmente frío para ser Febrero, los hizo acurrucarse el uno contra el otro bajo las sábanas hasta fundirse ya en sueños en un sólo ser.

Antes de que lo atacara la melancolía, y junto con ésta las ganas de llorar, se recordó a si mismo que en ese primer día de Febrero en India no habría lágrimas. Sí, tal vez nunca más la volviera a ver, y eso sería en cierto sentido similar a lo ocurrido con la muerte de aquel hombre y lo que ello significaba para sus seres amados, porque viéndolo desde el lado real, el no volver a verla no simbolizaba para nada algo malo, sino que por el contrario, significaba que ella viviría por siempre dentro de él.


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Hoy, último día de éste mes, un relato inspirado en el primer día de Febrero.
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