domingo, octubre 08, 2006

Iván y Víctor

Marta se despertó con un beso de su esposo, la correspondiente felicitación y su regalo de cumpleaños. También acompañaron su despertar esos pensamientos recurrentes que venía teniendo desde los 17 años, edad en la que intentó suicidarse por primera vez.

Luego que Jorge saliera hacia el trabajo le costó levantarse, pero tenía que hacerlo. Había muchas cosas por hacer, pero los malditos pensamientos recurrentes hoy se sentían más fuerte que de costumbre. Con ellos vinieron aparejados el miedo y la angustia, compañeros comunes de muchos de los pensamientos que tiene la gente. Miedo. El miedo a no saber utilizar el reproductor de mp3 que acababa de regalarle Jorge, a no saber qué tipo de torta comprar para la fiesta e incluso el miedo a no tener en claro qué corte de carne elegir en la carnicería para preparar el almuerzo.

Marta sintió que tenía que terminar con todos sus miedos ese mismo día. Sólo había una forma de hacerlo. Pero para esa forma había un impedimento, o mejor dicho, dos. Porque, ¿qué pasaría con sus hijos? ¿Cómo podía ser capaz de dejarlos solos en esta vida? ¿Qué clase de madre era ella? La idea entonces fue perfilándose, tenía que llevárselos consigo. Ellos eran su “responsabilidad”, sin duda. La idea entonces cerró. Tenían que irse los tres.

Había leído por ahí que morir desangrado no era tan traumático, uno simplemente se abre las venas y de a poco va cayendo en los brazos de Morfeo pero para no volver a despertar jamás. No. No podía imaginar a sus hijos yaciendo en un charco de sangre. La primera imagen que disparó entonces su mente fue la del puente. Los tres abrazados perdiéndose en el vacío. Estuvo a punto de decidirse cuando la siguiente imagen surgió de un artículo que había leído en una revista de medicina pediátrica allá lejos y hace tiempo, cuando había quedado embarazada del primero. Las bañeras. Un peligro que acechaba a los padres inexpertos y descuidados.

Se decidió por ese método y ahogó a sus hijos de a uno. Empezó por el menor.

Seguidamente llamó a la policía, denunciando “el asesinato” por parte de ella de misma de sus propios hijos. El agente de la guardia civil no supo cómo reaccionar ante tales palabras y terminó en un estado de shock producto de los nervios que ni siquiera Marta tenía en esos momentos.

- Hola Jorge –dijo como si nada.
- Amor, decime.
- Guardá todos los tickets de los peajes desde que salgas del trabajo.
- ¿Cómo?
- Sólo hacelo. Cuando llegues no me vas a encontrar, ni a Iván ni a Víctor. O sea, a ver, nos vas a encontrar, sólo que no te asustes.
- ¿Marta estás bien? ¿Qué pasa?
- Guardá todos los tickets del peaje por favor -dijo cortando la comunicación.

Listo. Su “precisión y coraje” ahora habrían de sacar de la mira de los investigadores a Jorge, siempre y cuando éste guardara los tickets del peaje.

Séptimo piso. Vista interna. Salto al vacío.

Marta aterrizaría justo en el patio interno de la planta baja donde viven sus padres, donde minutos antes había estado hablando de cosas cotidianas y sin importancia junto a ellos.

El plan pareció cerrar salvo por el detalle que Marta aterrizó viva en el patio del apartamento de sus padres.

Los planes de Dios son inescrutables. El balance parece mantenerse. Una vida de sufrimiento recordando pareciera ser una consecuencia más justa que la peor reencarnación en el cuerpo de una cucaracha.

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Ficción basada en un hecho real tomado de
este post del blog de Barbarita.
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11 Comentarios:

el dí­a lunes, octubre 09, 2006 2:18:00 a. m., Blogger malevolia dijo...

Prefiero ser una cucaracha que una asesina.
Menudos buenos días que me llevo conmigo.
¿Buenos días?
Impactante y fácil de leer. Muy bueno. Un lado oscuro inquietante.Me gustó.
Pero demasiado dolor para desayunar. Ahora me cepillo los dientes y listo!

Un beso,
la vecina.

 
el dí­a lunes, octubre 09, 2006 7:25:00 a. m., Blogger juanba dijo...

El tema está en que te dejen ser una cucaracha, parece que a Marta no la dejaron, por eso la consecuencia de sus actos es pasar la vida recordando.

Cosas que pasan, Carol. Espero no haberte hecho indigestar con el desayuno.

Un beso vecina.

 
el dí­a martes, octubre 10, 2006 12:21:00 a. m., Blogger Adrianófanes dijo...

Me hizo acordar a una tragedia griega, "Medea", donde la madre también se iba de este mundo junto a sus pequeños hijos. Es escalofriante la historia. Un relato que me mantuvo expectante, que me hizo acordar a otros de tu parte, vertidos también en esta página: paisajes comunes como el suicidio, el comienzo cuando uno de los personajes despierta y es besado por otro. También la caída desde algunos pisos, como el sexto o el séptimo...Y ese castigo, el fallar en el intento. Una vez hice un cuento en que un personaje harto ya de todos sus fracasos, decidía quitarse la vida. Pero hasta en esa ocasión también había trasladado su fracaso, con lo cual el castigo era aún más grande.

Muchas cosas deja este cuento. Y un poco esa sensación de que desde la melancolía, o la búsqueda de la felicidad o desde la frustración, surgen los textos, a priori, más atrapantes. No sé si siempre será así, pero...Muchas veces sucede.

Un abrazo.

 
el dí­a martes, octubre 10, 2006 7:26:00 a. m., Blogger juanba dijo...

Adrián: En realidad "el cuento" no es "tan" cuento, sólo algunas pinceladas de ficción y suposiciones de mi parte.

La historia es real, ocurrió en España, en Barcelona creo. Yo tan sólo tomé la noticia del blog de Barbarita en el post que dejé linkeado abajo del texto.

Tenés razón, los lugares en los que caigo a veces al escribir son los mismos, pero fijate una cosa, a veces pienso que todo está escrito porque todos los pasajes de los escritos míos que nombrás fueron todos escritos antes de que pasara esto y yo me enterara... Eso a veces deja pensando.

Salutes

 
el dí­a martes, octubre 10, 2006 11:35:00 a. m., Blogger Magic dijo...

Por lo menos hubiera intentado morir realmente, si al fin y al cabo se salvó, no? Como puede seguir viviendo después de haber asesinado a sus hijos?

Esta historia me mató; mi hijo se llama Iván...

Saludos, Juan

 
el dí­a martes, octubre 10, 2006 9:44:00 p. m., Blogger juanba dijo...

Maga: Cosas que pasan. Tu hijo se llama Iván, pero tuvo la suerte de tener una madraza como vos.

:)

Salutes

 
el dí­a martes, octubre 10, 2006 11:36:00 p. m., Blogger Adrianófanes dijo...

Sí, puede ser...Es una especie de cuento-relato...el estilo confesional que tiene lo hace muy atrapante.

En relación a tu respuesta para mí, no entendí el último párrafo, pero intuyo que tiene que ver con ese gran LINK que vincula todo. Lo que fue, lo que es, lo que podría ser...Y sus diversas manifestaciones.

Un abrazo.

 
el dí­a viernes, octubre 13, 2006 12:27:00 p. m., Anonymous Adriana dijo...

Desgarrador, confieso me puso "piel de gallina" al leer.Que madre tan egoísta!, solo pensó en ella...
Los hijos no eran culpables de lo que le tocaba vivir... Impecable tu "pieza literaria" aun siendo basada en un hecho real, posee un toque personal loable. Cariños!!!

 
el dí­a viernes, octubre 13, 2006 3:17:00 p. m., Blogger Principito dijo...

Espantoso.
Todos los que alguna vez vivimos de cerca un suicidio sabemos la INMENSA fuerza destructora que trae adentro cuyas secuelas entre los que quedan (quedamos) no se irán NUNCA.
Espantoso también pensar que un plan divino incluya el posible asesinato de dos inocentes niños.

 
el dí­a sábado, octubre 14, 2006 7:11:00 a. m., Anonymous Varo dijo...

Cuantas veces el egoismo se disfraza con los trajes de compansion cuando una mente esta perturbada

 
el dí­a sábado, octubre 14, 2006 5:53:00 p. m., Blogger juanba dijo...

Adriana: ¡Muchas gracias!

Principito: Creo que no es espantoso pensar que un plan divino incluya la muerte de niños, pasa constantemente y la muerte toma diversas formas al llevarse las vidas. El plan es inescrutable pero siempre obedece un orden perfecto que nosotros no estamos capacitados para juzgar por mucho que nos duelan las cosas que pasan.

Varo: Verdad, y la ignorancia también suele llevar los mismos disfraces.

Salutes gente

 

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