domingo, agosto 19, 2007

Tercer año



Happy birthday Mr. Blog, happy birthday to you...


Cada vez estoy menos por aquí, lo sé. Pero el espíritu del blog sigue latente, esperándome para cuando tenga algo más de tiempo e inspiración para escribir.

Un abrazo a todos los que siempre pasan por aquí para leer algunas letras, trataré de no tenerlos tan abandonados.


Salutes

sábado, julio 28, 2007

Nevermind

- Dicen que una mente desocupada es el patio de juegos del diablo.
- Es verdad, y en el caso de ella más que patio de juegos es todo un jodido parque de atracciones.
- ¿Qué locura no?
- Se lo puede llamar locura, sí.
- Che ¿y vos qué contás? ¿Cómo está tu mente?
- Vacía, supongo. O al menos eso trato.
- ¿Y tener el cerebro vacío es algo bueno o malo?
- Ni lo uno ni lo otro, porque vacío trasciende ambos términos; el vacío es perfecto, es el hogar de Dios.

sábado, junio 30, 2007

Experimental jet set

Por la esquina de mi casa, cual moderna amenaza,
90.000 autos al día no cesan de pasar.

Semáforos sincronizados, soldados computarizados,
custodiarán mi paso allí, cuando decida cruzar.

Gente desincronizada, acelera amenazada,
demostrando su deseo de llegar más rápido allí
donde sé que no quieren estar.

Pasó mucho tiempo, recuerdo contento, desde que
perdí la capacidad de escuchar;

el ruido de sus motores, de esos 90.000 motores
que me indican que allí algo anda mal.

Bajo por la rampla, cruzando a mis anchas,
dándome cuenta que los semáforos, de pronto,
dejan de funcionar.

Amenazas de acelere, de inminente despegue,
miradas que dicen
"cruzá rápido que voy a arrancar".
Ningún "rápido", pienso, que ya hace un buen tiempo
en el que yo dejé de acelerar.

Detenido mi paso en medio del paso, amarillas son las
luces que proyectan mi sombra al parar.
Todo ocurre allí mismo, en esta cuna de pesimismo,
en la que hoy decidí no dejarlos pasar.

lunes, mayo 14, 2007

Supongo que llegó el momento

Kilómetro tres, el corazón late constante. Decido parar y recuperar algo de aire. Me detengo y respiro hondo, es cuando levanto mi mirada al cielo y veo a la luna de color rojo. La primer imagen que se graba en la retina de mis ojos me sorprende, luego me doy cuenta que hay humo en el aire y un fuerte olor a vegetación seca quemándose. Asumo que han de estar haciendo fuego con las picadas al costado de la ruta porque el otoño nunca fue temporada de incendios por aquí.

Debo confesarles que no hay nada como ver una puesta de sol en la que todo está quemándose abajo y a lo lejos; suele ocurrir muy seguido en los veranos secos cuando se incendian los campos y la gente simplemente lo pierde todo de un instante a otro. Irónicamente ese es el regalo que se les da mientras ven todo su trabajo arder hasta convertirse en cenizas: un atardecer sublime, con un sol entre rojizo y naranja enfundado entre oscuras vestiduras de humo. La imagen es fuerte de por sí y está destinada a que nunca olviden. Lágrimas caen por las mejillas de las mujeres de los chacareros al observar toda la escena, lágrimas que nunca serán las suficientes como para apagar todo el fuego.

De a poco recupero el aire, voy caminando lento bordeando la orilla norte. Bajo mi mirada al espejo de agua, de un momento a otro noto que la laguna se ha transformado en lo que no parece ser otra cosa que un mar de aceite por la quietud de sus aguas. Ahora veo con total claridad el rojizo reflejo de la luna sobre el agua. De pronto un silencio angustiante lo cubre todo: los pájaros que dejan de cantar, las ranas que dejan de croar. Los insectos yacen de repente inmóviles. Todos están esperando, parecen darse cuenta de lo que ocurre. Yo me doy cuenta tarde, porque ya no hay humo en el aire, no hay olor a quemado, pero sin embargo la luna sigue estando roja, bañada en sangre. El sonido ensordecedor y disonante de la primer trompeta fue lo que me hizo caer en cuenta de que el momento finalmente había llegado.

miércoles, abril 18, 2007

Downer

Anoche la vi llorar por primera vez. Lo hacía a mares, de una manera total y absolutamente desconsolada. Me rompió el corazón verla así y no poder hacer nada y es que, a decir verdad, no llego a entender cómo una persona puede llorar tanto. Por otro lado no deja de sorprenderme el hecho de cómo la mente humana puede tomar posesión de un ser para generar toda esa confusión, esa desidia, esa autocompasión, toda esa tristeza. “La vida es sufrimiento”, decía Buda, el no conocer la realidad última de las cosas, el no conocer el porqué, nos lleva a perdernos.

Ayer tan sólo me limité a acariciarle la espalda, diciéndole que lo largara todo, otra cosa no pude hacer. No volvimos a hablar del tema pero es algo que me preocupa, aunque irónicamente nosotros no tenemos nada qué preocuparnos en comparación con los demás.

Ya es Domingo. Afuera el sol se asoma tímidamente. Me encuentro sentado a la mesa. Lo escucho a Iván, está contando como su mujer lidia día a día con su madre que padece el mal de Alzheimer, él no sabe que ese es el nombre de la enfermedad, tampoco conoce la gravedad de la misma, tan sólo nos describe como puede los síntomas de lo que ve. Otra vez la mente. Iván es un chico con capacidades diferentes, creo que tiene un plan de empleo en donde le pagan $300 como salario en negro y no tengo ni idea de cómo hace para llegar a fin de mes con eso. Su mujer tuvo que dejar de trabajar para cuidar a su madre. Por otro lado, y como no podía ser de otra forma, tienen una hija de 5 años como para completar el panorama, pero bueno, podría ser peor, podrían tener cinco chicos más.

El otro día leía que una bola de plutonio puro del tamaño de un pomelo puede acabar con la vida de 2000 millones de personas en una fisión nuclear. Sería como eliminar del mapa a toda la población de China de un solo saque. Hoy, y sólo hoy, siento que me gustaría que cada órgano de mi cuerpo se transformara en una bola de plutonio, empezando por el corazón. Definitivamente la primera detonación saldría de allí.

Me levanto de la mesa, los demás siguen hablando, contando sus logros y miserias, todos tan perdidos como yo en éste mundo de ilusiones. Tomo un libro que veo sobre una mesita, lo abro en una página al azar, leo. Sonrío. Memorizo la página y lo cierro. Me fijo en la tapa para ver de quién es. Es un libro sobre San Francisco de Asís. Vuelvo a la página en cuestión, releo:

“Transfiere a Dios el honor y la gloria. Guarda para ti la certidumbre de que a nosotros sólo nos corresponde la vergüenza y las tribulaciones de esta vida miserable.”

domingo, marzo 25, 2007

Supongo que no es el momento

Llevo corridos dos kilómetros cuando de pronto veo a mi lado, pegado a la orilla de la laguna, a un perro negro, probablemente vagabundo, corriendo a la par mía.

Siempre me llamó la atención la forma en que algunos de estos animales buscan tu compañía en ese contacto inicial, donde primeramente te miran de reojo, haciéndose notar pero con disimulo, como buscando tu atención pero nunca de forma directa. Basta que uno les diga algo en un tono amistoso o bien les haga un gesto cariñoso para que finalmente se den por vencidos y no puedan seguir sosteniendo más esa máscara de indiferencia inicial, reconociendo así, con un movimiento contínuo de cola, que sólo buscan algo de cariño como cualquier otro de nosotros. Sin embargo yo no hago nada de eso: no le digo nada ni le hago gesto alguno, sigo corriendo como si nada.

Kilómetro tres. Imágenes de la noche anterior. Revivo secuencias.

"¿Estás listo para conocer a mi amiga?", me dice Pame al llegar junto a dos chicas. Me extraña la frase elegida. Las mismas palabras me dijo ayer por la mañana en la oficina. Yo que no le contesto, sólo la saludo con un beso, sonrío y me sirvo algo más de vino blanco en la copa. No hay gestos de cariño esta noche, tampoco hay palabras alentadoras. Ana Lía, a mi lado, me mira de reojo y vuelve su concentración al juego, a la mano de cartas que acaba de recibir. Las cosas están raras con Ana hoy, mucho tiempo sin verla, supongo. Cristian, Romina, Juan Pablo y Cecilia hablan por su lado sobre exámenes finales en la facultad sin prestarle mayor atención al juego.

Miro la hora, es tarde.

"Mariana", me respondió cuando le pregunté cómo se llamaba. ”¿Por qué debería de estar preparado para conocerte, Mariana?”, pienso. Se reparten las cartas. Se vuelve a armar el juego. Al lado tengo a Verónica, amiga de Ana, también la acabo de conocer esta noche. Está tomando vodka con limón y no paramos de tirarnos comentarios entre sarcásticos y sagaces sobre cómo se desarrolla el juego, siempre sonriendo, claro. Por momentos siento que estamos coqueteándonos mutuamente, si hasta creo que me cae bien. Veo que lleva una muñequera negra de cuero muy trabajado en la mano izquierda, me impresiona el accesorio, tal vez describa parte de su personaje, no quien realmente es. En frente tengo a Mariana, ahora está jugando en mi equipo junto a Cristian. Noto que tiene un tatuaje en un brazo, disimuladamente (nunca de forma directa) trato de encontrarle forma al dibujo que lleva grabado en su piel. Creo que ya estoy algo mareado, no cené y el vino de a poco me va obnubilando. Nada, que pierdo la atención en ella y su tatuaje para volver al juego. Pamela me mira. Ana me alcanza el free para la disco. "Vámonos", dice, y así es que nos vamos de su departamento.

Salimos del edificio, vamos como por inercia cruzando calles. Se habla alto, explotan risas. Verónica se toma de mi brazo. Ahora vamos todos abrazados, juntos pero sin conocernos casi. Parece que todos queremos algo de cariño a fin de cuentas, más allá de que a veces seamos más indiferentes que un perro para demostrarlo.

Llegamos al lugar, por suerte no hay demasiada cola de gente esperando. Le pasamos los free a alguien y ese alguien retira las entradas. Entramos y nos perdemos dentro, una barrera de sonidos nos envuelve junto con el humo de mil cigarrillos.

Una vez dentro nos apartamos del resto que se dispersa cada cual por su lado. Yo no hago nada más que charlar con Cristian y su novia. No quiero escuchar a la banda que toca, no quiero bajar a la pista, no quiero estar con nadie, no quiero conocer a nadie. Ana pasa a mi lado y me dice algo. No le llego a entender lo que dice y me quedo sin siquiera poder preguntárselo cuando veo que se pierde en la corriente de gente que circula alrededor de la pista. Luego de un rato siento que me quiero ir, a parte tengo mucha hambre y estoy realmente mareado. Sin despedirme de nadie me voy del lugar.

La noche me recibe fuera con un aire frío obligándome a abotonarme el saco, principios de otoño otra vez. Camino de regreso, voy recordando el dejà vú de las últimas salidas, donde siempre me vuelvo a casa con la misma sensación de vacío indiferente. Pasando la plaza me cruzo con un perro negro, éste ni siquiera se percata de mi presencia cuando le paso por al lado. Sonrío. "Un ser autosuficiente", pienso, para luego empezar a reírme solo festejando esta jugarreta irónica que me acaba de jugar la vida.

miércoles, febrero 28, 2007

Febrero

Mirando sin ver a través de la pequeña ventana descubrió los primeros rayos del alba resplandeciendo sobre las turbias aguas del Ganges. A pesar de lo temprano de la hora una procesión fúnebre ofrendaba al río el cadáver del que en vida parecía haber sido un simple hombre más de esta ciudad. Ni una lágrima entre la concurrencia, por el contrario, se asomaban sonrisas por sobre los rostros de los presentes mientras desfilaban respetuosamente para saludar a la familia del difunto. Al ver lo maravilloso de aquella escena no pudo más que pensar en lo realmente claro que esta gente tenía el sentido de la vida y, por lo mismo, el significado verdadero de la muerte como parte de ella.

Por un momento quitó su vista de la ventana y miró distraídamente la fecha en el calendario colgado en la pared del fondo de la pequeña habitación. Fue entonces que de repente cayó en cuenta del mes en que estaba viviendo y junto con ese darse cuenta lo asaltaron los recuerdos sobre ese mismo día pero del año anterior. Aquello que Febrero supo traer a la vida en su primer día, aquel amor que lo marcaría para siempre por el resto de su vida. Ella, en la otra punta del mundo, vaya uno a saber qué estaría haciendo por esos momentos, qué sería de su vida. Hacía un año ya de esa última noche que, de vuelta en Argentina, estuvieron juntos abrazados en su cama, un día antes que ella partiera para su ciudad.

- Te quiero -le dijo él mientras le daba un beso en la frente.
- Yo también -contestó ella con los ojos cerrados, muy pegada a él.
- Pero yo más de lo que te puedas imaginar...

Ella siguió sin abrir los ojos aunque esbozó una leve sonrisa al escuchar estas últimas palabras suyas.

Aquella noche la música los envolvió hasta que se quedaron dormidos. El aire, particularmente frío para ser Febrero, los hizo acurrucarse el uno contra el otro bajo las sábanas hasta fundirse ya en sueños en un sólo ser.

Antes de que lo atacara la melancolía, y junto con ésta las ganas de llorar, se recordó a si mismo que en ese primer día de Febrero en India no habría lágrimas. Sí, tal vez nunca más la volviera a ver, y eso sería en cierto sentido similar a lo ocurrido con la muerte de aquel hombre y lo que ello significaba para sus seres amados, porque viéndolo desde el lado real, el no volver a verla no simbolizaba para nada algo malo, sino que por el contrario, significaba que ella viviría por siempre dentro de él.


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Hoy, último día de éste mes, un relato inspirado en el primer día de Febrero.
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lunes, enero 22, 2007

Renuncia

- ¡Hey! –exclama él al verla entrar en su oficina.
- ¡Hola! –dice sonriente ella mientras lo saluda con un beso en la mejilla.

…Y esa sonrisa hace que de pronto los nubarrones que dominan el cielo allí afuera se disipen para dar paso a los rayos del sol. Las tonalidades grises del mobiliario, bañadas por la luz blanco-fluorescente de los tubos, ahora cambian de color debido a la tímida luz solar que comienza a entrar nuevamente por el ventanal de la oficina.

- ¿Cómo estás?
- Bien ¿y vos?
- Ahora que te veo, mejor –dice él guiñándole un ojo.

Ella se sonroja aunque no deja de sonreír en ningún momento. Todo fue, es y será platónico entre ellos. La complicación de un tercero de por medio, lo difícil de tomar una decisión, la comodidad de seguir arrastrados, cada cual por su lado, por una inercia que los domina desde antes que se conocieran.

- Decime.
- Vengo a que me imprimas esto –dice ella mientras le extiende un diskette.
- ¿Word?
- Sí.
- ¿Y qué es?
- Mi renuncia.

Algo hace un click en el corazón de él, aunque todavía no termina de caer. No puede decir nada en respuesta, simplemente las palabras no están allí. Afuera el día se vuelve a nublar, más aún, el cielo se pone a llorar: ahora empieza a diluviar. Los grises dominan nuevamente la atmósfera de la oficina.

Él introduce el diskette en el drive del equipo. Abre el archivo. “En su oficina hay impresora” –piensa– “Estamos en edificios separados ¿Por qué venir hasta acá? ¿Por qué debo ser yo el que le imprima justo esto? ¿Por qué no se lo dio a alguien más allí?”

- Lo tenés decidido –dice él.
- Sí.
- Ya no te voy a poder ver.
- Nos vamos a seguir viendo… –dice ella mirándolo tiernamente.
- Sabés que no.
- …





1 de Febrero de 2007



Al Señor Jefe de Secretaría General
Sr. Horacio Marino
S / D

De la pasante de la Universidad Nacional de La Pampa
Srta. Ana Lía A.


OBJ.: S/RENUNCIA AL EJERCICIO DE FUNCIONES



Elevo a Ud. la presente, solicitando se me acepte la renuncia a la
pasantía cumplida en Servicio Adicional a partir de fecha 01 de febrero de 2007.


La misma se debe a cuestiones personales, debiéndose resaltar el
excelente trato, calidad humana y compañerismo aquí recibido tanto por mi superior Héctor José Rodriguez, como por mis compañeros de oficina, Sebastián Muñoz y María Jofré y por sobre todo la confianza que han tenido en mi para el desarrollo de las tareas a realizar.

Sin más que agregar saludo a Ud. con atenta consideración y respeto.-





Ana Lía A.





Él lee la nota y sonríe, lee, pero por sobre su sonrisa se nota un vacío que lo acecha desde lo profundo del corazón.

- Chupamedias, ¿qué son esos saludos a los compañeros en el segundo párrafo? –le dice todavía sonriendo, tratando de que no se le note la desazón.
- Jajaja… ¿Queda muy mal?
- No, no es eso, es que es muy tuyo el texto. ¿Lo redactaste sin seguir el modelo no?
- ¿Hay una plantilla modelo de renuncia?
- Jajaja… No importa ya. Sos vos, el texto sos vos. No lo edites, nunca te edites, seguí siendo vos.

Él sigue sonriendo mientras imprime el documento por triplicado, requisito de rigor a cumplir en estos casos. Antes de entregarle las copias lee por arriba una de ellas por última vez, le sigue causando gracia el párrafo central, en especial la parte de “la confianza que han tenido en mi para el desarrollo de las tareas a realizar”. Sonríe porque por más que ella lidie a diario con la frialdad del lenguaje del derecho –por cierto ella es estudiante de abogacía, cuarto año– aún podía notarse en la redacción de la nota su dificultad para manejar de forma natural dicho lenguaje, siempre tan prudente, estéril, serio, formal. Lenguaje de oficios y cartas documento, lenguaje de letra muerta de ley. Releyó nuevamente el segundo párrafo, “Definitivamente, eso es ella”, pensó, eso fue ella, alguien que llegó para romper con el rigor de las estructuras impuestas, para terminar con la automatizada rutina, para acabar con su soledad autoimpuesta, pero que a la vez logró llevarse en su raid de destrucción a su pobre corazón que por primera vez en mucho tiempo volvía a latir por alguien más.

miércoles, enero 03, 2007

Uno

El acto comienza siempre de a dos, vos y yo.

Al principio todo es corporal, biológico-hormonal, atracción de opuestos. La rigidez de mi bajo vientre contra la humedad de tu género, dos lazos que lentamente se atan entre sí en una sola unidad mientras el resto de la existencia, mar de consciencias, va desapareciendo lentamente y no es que nada se pierda, tranquila, tan sólo somos nosotros que de a poco nos vamos sintiendo íntegros en lo real, comprendiendo finalmente que también somos el resto, todo lo demás.

Te miro entre luces bajas y quiero perderme en vos. Tus ojos me revelan lo mismo, entonces seguimos el camino que nos lleva destino a desaparecer finalmente en el todo. El momento llega, devenimos juntos, la mente que se detiene por unos instantes y esa sensación que sobreviene, la vida que parece irse de golpe aunque en ese momento ya no hay miedo a morir porque ya no hay un yo, no hay un vos, no somos nosotros, por unos instantes se nos da la pista de que somos algo más, ese algo sin individualidad, somos Dios, somos el nirvana de Buda, el amor incondicional de Cristo, el inicio y el fin del Tao, somos la totalidad de Krishna sabiéndose Brahmán.

El acto siempre comienza de a dos pero el verdadero secreto es que termina con los dos siendo Uno.

miércoles, diciembre 27, 2006

Momentum

Cuando atravesé la puerta la vi de espaldas a mí, estaba concentrada mirando su reflejo en los cristales de la ventana. Llevaba puesta una remera blanca mangas cortas pegada al cuerpo. Noté en el espejo del vidrio como el contorno de sus pechos firmes se marcaban en la prenda.

Al percibir mi presencia trató de tomar un saco que tenía colgado en el respaldo de la silla, todo esto evitando darse vuelta para no tener que mirarme de frente. Rápido en reflejos puse mi mano sobre la suya impidiendo que levantara el fino abrigo de hilo, entonces me di cuenta que con su otro brazo libre todavía intentaba cubrirse a pesar de seguir dándome la espalda.

Le pedí que se volteara para mirarla de frente a los ojos. Se dio vuelta y cruzó los brazos sobre su pecho ocultando, vergonzosa, la redondez de su busto. Siempre advertí que, a diferencia de la mayoría de las mujeres del lugar, ella tenía una tendencia a esconder su cuerpo. Usualmente usaba ropa holgada como ser largas polleras o blusas sueltas, no es que eso me disgustara, todo lo contrario, me encantaba como se vestía precisamente por ser diferente a todas las demás.

La miré fijo. No pudo sostener mi mirada y bajó la suya hacia el suelo.

- Mirame a los ojos –le dije mientras tomaba una de sus muñecas intentando desatar el nudo de brazos que cubría su belleza– no tenés porqué tener vergüenza de mí, no sé cuál es tu problema pero dejame decirte, por más que mi visión no sea para nada imparcial dada las circunstancias de lo que me pasa con vos, que sos hermosa así como sos, sabelo, y que no tenés porqué ocultarte, mucho menos ante mí luego de todo lo que hemos pasado.

domingo, diciembre 03, 2006

Depósito de juguetes

Tocan al timbre de mi casa. Me asomo por el balcón. Los veo, son ellos que ya me pasan a buscar. Les hago señas que me esperen un minuto, que enseguida bajo. Yo no los busqué, ellos me encontraron, a eso se dedican me dijeron. Uno de los cuatro me dijo que la gente que lleva el alma teñida de color azul es fácil de localizar.

El propósito de su visita es llevarme a un lugar lejos de aquí, lejos de ella. Me juraron que jamás me traerían de vuelta. Me explicaron que mucha de la gente que desaparece a diario sin dejar rastro es debido a ellos, a su misión en este mundo, y que últimamente hay demasiada gente con el alma azul.

En el lugar al que me llevarán todo será distinto, prometieron. Allí ya no habrá melancolía ni soledad por lo que el alma de a poco recupera su color original, es decir ninguno, o mejor dicho, la combinación absoluta de todos los demás. Lo único que necesito llevar conmigo, aclararon, es una muda de ropa y una foto de ella.

Una foto de ella.

Elijo una entre todas. Esa sonrisa que me pierde. Ella que me pierde. Ella a la que no logro encontrar en nadie más.

- ¡Yo pensé que tu casa era un depósito de juguetes! –dijo con una frescura que tiñó aquel instante de inocencia, más allá de lo cómico de la suposición.

No pude evitar reírme en el momento en que me lo dijo, así como tampoco pude evitar la tristeza hoy de mañana al despertarme cuando me vino al recuerdo aquella, una de nuestras primeras charlas un día cualquiera en el camino de vuelta del trabajo.

Tardé en salir de la cama (es Domingo) y traté de que la tristeza que me provocó aquel recuerdo del depósito de juguetes se fuera rápidamente. Entré al baño, abrí el grifo del agua fría, me lavé la cara y miré el agua correr por el drenaje. Ayer un vecino me preguntaba si sabía exactamente hacia dónde iba el agua de las cañerías de mi casa. Ni la más pálida idea de lo que éste hombre me preguntaba. Todo lo que no entiendo viene de otros tiempos. A esta casa la levantó mi abuelo allá por 1920 y dudo que alguien por estos días conozca el sistema circulatorio que conforman las cañerías que corren dentro estas paredes, bajo estos pisos de lo que pronto estará por convertirse en un depósito de juguetes abandonado.

domingo, noviembre 19, 2006

Era yo

Los sueños que se repetían noche a noche y vos en cada uno de ellos. Casi no te conocí y te convertiste en cómplice de mis escapes fuera de esta realidad, si hasta fuiste dueña de la serenidad de mi sueño profundo así como de los nudos en mi estómago cada mañana al despertar.

Sentí que tenía la capacidad de hacerlo y lo hice. El no tenerte a mi lado me obligó: fue entonces que maté mi persona, disolví la esencia de mi ser y deseé transformarme en él. Se que cuando lo hice me sentiste morir, y es que al convertirme en él en realidad sólo estaba muriendo por vos.

Ahora despierto a tu lado y me doy cuenta que ya no soy el que solía ser, porque finalmente soy él. Recuerdo sin embargo que alguna vez fui otro, alguien que sintió por vos algo que éste que soy ya no siente.

Lo tristeza más profunda me embargó cuando me miraste y no me viste. Fue en ese instante, que de ahora en más se repetirá por siempre cada vez que te mire a los ojos, cuando caí en cuenta que el elegido nunca fue él sino que secretamente dentro de tu corazón siempre había sido yo, ese que alguna vez fui.

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Dedicado a Adrián y a su G.

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